viernes, 31 de octubre de 2008

GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

La Guerra de la Independencia española fue un conflicto surgido en 1808 por la oposición armada a la pretensión del emperador francés Napoleón I de instaurar y consolidar en el trono de España a Joseph Bonaparte, en detrimento de Fernando VII de España, desarrollando un modelo de estado inspirado en los ideales bonapartistas, y que sumada al enfrentamiento precedente francés con Portugal y el Reino Unido, convulsionó toda la península Ibérica[1] hasta 1814.
Enmarcada en el amplio conflicto de las Guerras Napoleónicas y en la crisis del sistema del Antiguo Régimen, encarnado en la monarquía de Carlos IV, el conflicto se desarrolló sobre un complejo trasfondo de profundos cambios sociales y políticos impulsados por el surgimiento de la identidad nacional española y la influencia en el campo de los “patriotas” de algunos de los ideales nacidos de la Ilustración y la Revolución Francesa, paradójicamente difundidos por la élite de los afrancesados.
Los términos del Tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807 por el primer Ministro Manuel Godoy, preveían de cara a una nueva invasión conjunta hispanofrancesa de Portugal, el apoyo logístico necesario al tránsito de las tropas imperiales que al mismo tiempo, fueron tomando posiciones en importantes ciudades españolas según los planes de Napoleón quien, convencido de contar con el apoyo popular, había resuelto forzar el derrocamiento de la dinastía reinante tradicional, situación a la que se llegaría por un cúmulo de circustancias que resume el historiador Jean Aymes:
... la expedición a España deriva de una serie de consideraciones entre las que se encuentran mezclados la debilidad militar del estado vecino, la complacencia de los soberanos españoles, la presión de los fabricantes franceses, la necesidad de arrojar a los ingleses fuera de Portugal, la enemistad del Emperador hacia la dinastía de los Borbones, los imperativos de una estrategia política para el conjunto del Mediterráneo y, por fin, para remate y para ocultar ciertos cálculos sucios, los designios de Dios o las exigencias de una filosofía ad hoc

martes, 28 de octubre de 2008

TRATADO DE VERSALLE

TRATADO DE VERSALLE (1919)´

El Tratado de Versalles fue un tratado de paz al final de la Primera Guerra Mundial que oficialmente puso fin al estado de guerra entre Alemania y los Países Aliados. Fue firmado el 28 de junio de 1919 en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, exactamente 5 años después del asesinato del archiduque Franz Ferdinand, uno de los acontecimientos que desencadenaron el inicio de la Primera Gran Guerra. A pesar de que el armisticio fue firmado el 11 de noviembre de 1918 para poner fin a los combates reales, se tardó seis meses de negociaciones en la Conferencia de Paz de París para concluir en un tratado de paz. El Tratado entró en vigor el 10 de enero de 1920.
De las muchas disposiciones del tratado, una de las más importantes y controvertidas disposiciones requerían que Alemania y sus aliados aceptasen toda la responsabilidad de haber causado la guerra y, bajo los términos de los artículos 231-248,[1] desarmarse, realizar importantes concesiones territoriales y pagar indemnizaciones a los estados vencedores. El Tratado fue socavado tempranamente por acontecimientos posteriores a partir de 1922 y fue ampliamente pisoteado a mediados de los años treinta con el auge del nazismo, que aprovechó el clima de victimismo creado en la sociedad alemana tras la firma de este tratado para llegar al poder.

EL MOTÍN DEL TÉ

MOTIN DEL TÉ
En 1765, representantes de nueve colonias de los Estados Unidos se reunieron como Congreso sobre la Ley del Timbre y protestaron contra el nuevo impuesto. Los comerciantes se negaron a vender productos británicos, los distribuidores de sellos se vieron amenazados por la muchedumbre enardecida y la mayoría de los colonos sencillamente se negó a comprar los mencionados sellos. El parlamento británico se vio forzado a revocar la Ley del Timbre, pero hizo cumplir la Ley de Alojamiento, decretó impuestos al y a otros productos y envió funcionarios aduaneros a Boston a cobrar esos aranceles. De nuevo los colonos optaron por desobedecer, así que se enviaron soldados británicos a Boston. Este hecho se recuerda como el Motín del té.
Las tensiones se aliviaron cuando Lord North, el nuevo Ministro de Hacienda británico, eliminó todos los nuevos impuestos salvo el del té. En 1773, un grupo de patriotas respondió a dicho impuesto escenificando la Fiesta del Té de Boston: disfrazados de indígenas, abordaron buques mercantes británicos y arrojaron al agua, en el puerto de Boston, 342 huacales de té. El parlamento promulgó entonces las "Leyes Intolerables": la independencia del gobierno colonial de Massachusetts fue drásticamente restringida y se enviaron más soldados británicos al puerto de Boston, que ya estaba cerrado a los buques mercantes. En septiembre de 1774 tuvo lugar en Filadelfia el Primer Congreso Continental, reunión de líderes coloniales que se oponían a lo que percibían como opresión británica en las colonias. Estos líderes instaron a los colonos a desobedecer las Leyes Intolerables y a boicotear el comercio británico. Los colonos empezaron a organizar milicias y a almacenar armas y municiones.

JORGE III

¿Quien fue JORGE III?

Jorge III del Reino Unido (4 de junio de 173829 de enero de 1820) fue rey de Gran Bretaña e Irlanda desde el 25 de octubre de 1760 hasta el 1 de enero de 1801, y a partir de entonces rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda hasta su muerte. Simultáneamente ostentó los títulos de duque de Brünswick-Luneburgo, y Elector de Hannover. El electorado se convirtió en el Reino de Hannover el 12 de octubre de 1814.
Jorge fue el tercer monarca británico de la Casa de Hannover, pero el primero en nacer en Gran Bretaña y usar el inglés como lengua materna. Durante el reinado de Jorge III, Gran Bretaña se alzo como la primera potencia dominante, extendió su poder por
Norteamérica, incluyendo la conquista de Canadá tras la Guerra de los Siete Años, gano la supremacía en el océano y derrotó a Napoleón en las Guerras Napoleónicas, pero sin duda alguna, el Rey Jorge III será recordado por la pérdida de las colonias, que formarían el núcleo de los futuros EE. UU.

viernes, 24 de octubre de 2008

COMENTARIO

La Libertad guiando al pueblo (1830)Esta obra recoge los hechos revolucionarios ocurridos en las barricadas de París en 1830. Aquí aparecen representados un grupo de obreros, artesanos y burgueses, heroizando un hecho contemporáneo en el que aparecen representadas las diferentes clases sociales. Esta obra hereda de Géricault los cadáveres, no heroicos, vulgares, que aparecen en primer término. El fondo tiene un carácter abocetado, uniéndose el humo de la pólvora a la atmósfera. La pincelada tiene un carácter suelto, pero la composición sigue siendo en friso, en una obra más conservadora formalmente que La balsa de la Medusa.

LA LIBERTAD GUANDO AL PUEBLO

AUTOR:
La Libertad guiando al pueblo es un cuadro pintado por Eugène Delacroix pintado en 1830 y conservado en el Museo del Louvre de París.

LA REVOLUCIÓN FRANCESA


LA LIVERTAD GUIANDO AL PUEBLO

La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus implicaciones, numerosas otras naciones de Europa enfrentando a partidarios y opositores del sistema denominado del Antiguo Régimen.
Se inició con la autoproclamación del Tercer Estado como Asamblea Nacional en 1789 y finalizó con el golpe de estado de Napoleón Bonaparte en 1799.
Si bien la organización política de Francia osciló entre república, imperio y monarquía durante 71 años después de que la Primera República cayera tras el golpe de Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país. La revolución socavó las bases del sistema monárquico como tal, más allá de sus estertores, en la medida que le derrocó con un discurso capaz de volverlo ilegítimo.

martes, 21 de octubre de 2008

Influencia literarias recibidas por GOYA

Goya, durante su juventud, asimiló influjos del ambiente pictórico dominante en Zaragoza y en Madrid, orientado por la pintura tardobarroca y rococó. En él influyeron pintores como Luzán, Giaquinto o Francisco Bayeu. Durante su viaje a Italia entró en contacto con el clasicismo y el neoclasicismo inicial, que sólo asimilaría temporalmente y de manera superficial.
El primero de los influjos que Goya recibió fue el de su maestro José Luzán, que le orientó con gran libertad dentro de una estética rococó de raíz napolitano-romana, en la que él se había formado en Nápoles. Esa sensibilidad rococó se vería reforzada por el influjo de Corrado Giaquinto a través de Antonio González Velázquez (cúpula sobre la Santa Capilla del Pilar) y, sobre todo, de Francisco Bayeu, su segundo maestro, que se convertiría en su cuñado.
La estancia en Italia le permitió a Goya conocer directamente los restos de la Antigüedad Cásica y la pintura del barroco clasicista y del emergente neoclasicismo. Este influjo y el de Mengs se dejaron sentir en algunas obras de los años posteriores, pero el neoclasicismo no fue seguido por Goya del modo incondicional con que lo hicieron la mayoría de los artistas coetáneos del ámbito cortesano y académico. También asimiló Goya influjos de la pintura de Tiépolo en algunas de sus decoraciones murales.

nfluencia literarias recibidas por GOYA

viernes, 10 de octubre de 2008

Godoy

Manuel de Godoy y Álvarez de Faria Sanchez Ríos Zarzosa (Badajoz, 12 de mayo de 1767 - París, 4 de octubre de 1851), noble y político español, favorito y primer Ministro o Ministro Universal durante el reinado de Carlos IV. Fue duque de Alcudia y de Sueca y Príncipe de la Paz por la negociación de la Paz de Basilea.

La rápida ascensión de Godoy
El 15 de noviembre de 1792, ocho años después de su ingreso en la Guardia de Corps, Manuel Godoy fue elevado al cargo de primer secretario de Estado o del Despacho, es decir, Primer Ministro o Ministro Universal, por el nuevo soberano Carlos IV, quien desde que subió al trono en 1788 no había cesado de llenarle de honores: cadete, ayudante general de la Guardia de Corps, brigadier, mariscal de campo y sargento mayor de la Guardia.
Ya primer ministro, el 25 de mayo de 1793, Godoy firmó en Aranjuez el convenio provisional de alianza defensiva contra Gran Bretaña con los títulos de duque de Alcudia, grande de España y de primera clase, regidor perpetuo de la ciudad de Santiago, caballero del Toisón de Oro, gran Cruz de la Orden de Carlos III, comendador de Valencia del Ventoso y de Aceuchal en 1796, consejero de Estado, primer secretario, secretario de la reina, superintendente general de Correos y Caminos, gentilhombre de cámara con ejercicio, capitán general de los Reales Ejércitos, inspector y sargento mayor del Real Cuerpo de Guardia de Corps.
A todos estos honores los reyes le añadirán el de Príncipe de la Paz con motivo de firmarse el segundo Tratado de Basilea el 22 de julio de 1795. Más tarde, Godoy fue nombrado además como señor de Soto de Roma y del Estado de Albalá; regidor perpetuo de la villa de Madrid y de las ciudades de Cádiz, Málaga Écija y Reus, conllevando este último cargo el título de Barón de Mascalbó; veinticuatro de la de Sevilla; caballero gran cruz de la Orden de Cristo y de la religión de San Juan; protector de la Real Academia de Nobles Artes y de los Reales Institutos de Historia Natural, Jardín Botánico, Laboratorio Químico y Observatorio.
En 1801 fue nombrado generalísimo, título nunca otorgado antes en España. Finalmente, en 1807, cerca ya de su caída, Carlos IV le concedió el título de Gran Almirante, con tratamiento de alteza serenísima, y de presidente del Consejo de Estado.

Guerra de la Independencia Española

La Guerra de la Independencia española fue un conflicto surgido en 1808 por la oposición armada a la pretensión del emperador francés Napoleón I de instaurar y consolidar en el trono de España a Joseph Bonaparte, en detrimento de Fernando VII de España, desarrollando un modelo de estado inspirado en los ideales bonapartistas, y que sumada al enfrentamiento precedente francés con Portugal y el Reino Unido, convulsionó toda la península Ibérica[1] hasta 1814.
Enmarcada en el amplio conflicto de las Guerras Napoleónicas y en la crisis del sistema del Antiguo Régimen, encarnado en la monarquía de Carlos IV, el conflicto se desarrolló sobre un complejo trasfondo de profundos cambios sociales y políticos impulsados por el surgimiento de la identidad nacional española y la influencia en el campo de los “patriotas” de algunos de los ideales nacidos de la Ilustración y la Revolución Francesa, paradójicamente difundidos por la élite de los afrancesados.
Los términos del Tratado de Fontainebleau, firmado el 27 de octubre de 1807 por el primer Ministro Manuel Godoy, preveían de cara a una nueva invasión conjunta hispanofrancesa de Portugal, el apoyo logístico necesario al tránsito de las tropas imperiales que al mismo tiempo, fueron tomando posiciones en importantes ciudades españolas según los planes de Napoleón quien, convencido de contar con el apoyo popular, había resuelto forzar el derrocamiento de la dinastía reinante tradicional, situación a la que se llegaría por un cúmulo de circustancias que resume el historiador Jean Aymes:
... la expedición a España deriva de una serie de consideraciones entre las que se encuentran mezclados la debilidad militar del estado vecino, la complacencia de los soberanos españoles, la presión de los fabricantes franceses, la necesidad de arrojar a los ingleses fuera de Portugal, la enemistad del Emperador hacia la dinastía de los Borbones, los imperativos de una estrategia política para el conjunto del Mediterráneo y, por fin, para remate y para ocultar ciertos cálculos sucios, los designios de Dios o las exigencias de una filosofía ad hoc
Aymes, Jean R.: La Guerra de la Independencia, Madrid, Siglo XXI, 1974

martes, 7 de octubre de 2008

http://es.wikipedia.org/wiki/El_dos_de_mayo_de_1808_en_Madrid

el dos de mayo goya

El 24 de febrero de 1814, Goya dirige una carta a la regencia de España, informando de su pretensión de
«perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa»[1]
El 9 de marzo le respondía el gobierno aceptando pagarle el importe de lienzos, aparejos y colores. Como resultado, en el año 1814, seis años después de los hechos, pintó este lienzo, y Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío, que plasma los acontecimientos del día siguiente al representado en este cuadro.
Hay que resaltar que Goya no asistió a una escena similar: la pintó de acuerdo a los relatos que oyó sobre el acontecimiento. Con el cuadro quiso rendir homenaje a la resistencia española.
Durante la Guerra Civil este cuadro, junto con otros del Museo del Prado, fue sacado de España y trasladado a Ginebra. En ese traslado se deterioraron algunos fragmentos, como puede observarse en las faltas cubiertas de marrón a la izquierda del cuadro. Se cuenta que el camión que transportaba el lienzo rozó un balcón, y dado que la pintura se trasladaba en su bastidor (no enrollada), sufrió el impacto y se desgarró. En 2008 las zonas afectadas fueron restauradas y las figuras desaparecidas reintegradas a la acuarela.[2]

MOTÍN DE ARANJUEZ

Levantamiento popular ocurrido el 17 de marzo de 1808 por las calles de esta localidad madrileña. Se desencadenó debido a varias causas, entre ellas las consecuencias de la derrota de Trafalgar que recayó fundamentalmente en las clases humildes. A ello hay que sumarle el descontento popular y las intrigas de la Corte, donde se iba creando un núcleo opositor en torno al Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, formado por aristócratas recelosos del poder absoluto de Godoy, y escandalizados ante el conocimiento que se tenía de sus relaciones con la reina María Luisa de Parma; así como el temor del clero a las medidas desamortizadoras.
La presencia de tropas francesas en España, en virtud del Tratado de Fontainebleau se había ido haciendo amenazante a medida que iban ocupando (sin ningún respaldo del tratado) diversas localidades españolas (Burgos, Salamanca, Pamplona, San Sebastián, Barcelona o Figueras). El total de soldados franceses acantonados en España asciende a unos 65.000, que controlan no sólo las comunicaciones con Portugal, sino también con Madrid, así como la frontera francesa.
La presencia de esta tropas terminó por alarmar a Godoy. En marzo de 1808, temiéndose lo peor, la familia real se retiró a Aranjuez para, en caso de necesidad, seguir camino hacia el sur, hacia Sevilla y embarcarse para América, como ya había hecho Juan VI de Portugal.
El 17 de marzo de 1808, tras correr por las calles de Aranjuez el rumor del viaje de los reyes, la multitud, dirigida por miembros del partido fernandino, nobles cercanos al Príncipe de Asturias, se agolpa frente al Palacio Real y asalta el palacio de Godoy, quemando todos sus enseres. El día 19, por la mañana, Godoy es encontrado escondido entre esteras de su palacio y trasladado hasta el Cuartel de Guardias de Corps, en medio de una lluvia de golpes. Ante esta situación y el temor de un linchamiento, interviene el príncipe Fernando, verdadero dueño de la situación, en el que abdica su padre al mediodía de ese mismo día, convirtiéndolo en Fernando VII.
Los acontecimientos de Aranjuez fueron los primeros estertores de la agonía del Antiguo Régimen en España. El pueblo había sido manipulado, pero en cualquier caso, su intervención fue decisiva, puesto que no sólo consiguió la renuncia de un ministro odiado (ya había ocurrido en el motín de Esquilache, en 1766), sino también la renuncia de un soberano y el acceso al trono de un nuevo rey, legitimado por la voluntad popular.
Estos hechos se conmemoran todos los años en las Fiestas de Aranjuez o del Motín, que tienen lugar la primera semana de septiembre coincidiendo con la feria local.

Los fusilamientos del 3 de Mayo


El lienzo Los fusilamientos del 3 de mayo en la montaña del Príncipe Pío de Madrid es uno de los más altos logros de la pintura española y, probablemente, uno de los hitos también de la pintura universal. Sin duda, además de sus excelencias artísticas, puede ser considerado uno de los cuadros de temática histórica más dramáticos de toda la historia del arte.
La intensa pasión que inspira la composición consiguió que este lienzo de Goya fuese más que un recordatorio de un hecho concreto, y mucho más también que una simple arenga o un manifiesto fruto del fervor patriótico del autor. El pintor, llevado por la intensidad dramática de los hechos que narra, supo expresar en toda su violencia, aunque con sobriedad y eficacia extremas, la crueldad inexorable del hombre para el hombre y a la vez su exasperado y rebelde deseo de libertad.
Pero el acierto de la obra no radica sólo en su significación, sino también en su extraordinario sentido de la anticipación. En ella, Goya supo destilar lo más personal de su técnica, que desemboca en un lenguaje plástico de fuerza desconocida hasta el momento y abre las puertas (aún a principios del siglo XIX) al expresionismo más actual.

Goya

En 1819 tras haber sufrido una enfermedad que le deja sordo comienza a decorar su nueva casa con pinturas murales al óleo que se extienden por dos salones de la planta baja y del primer piso: son las Pinturas Negras. Este conjunto constituye sin duda la obra más revolucionaria de Goya: un mundo de imágenes de pesadilla con algunas de las más turbadoras escenas de la historia de la pintura occidental.
El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de 1808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya que su ideología liberal le acerca a los afrancesados y a José I mientras que su patriotismo le atrae hacia los que están luchando contra los franceses.
La pintura refleja un tema patriótico. Ha pretendido llamar la atención reflejando en el cuadro un sentido de cronista fotográfico. Goya recoge con sus pinceles cómo pudo ser el episodio que encendió la guerra con toda su violencia y su crueldad para manifestar su posición contraria a esos hechos y dar una lección contra la irracionalidad del ser humano, como correspondía a su espíritu ilustrado. La ejecución es totalmente violenta, con rápidas pinceladas y grandes manchas, como si la propia violencia de la acción hubiera invadido al pintor.
En este óleo de estilo romántico el protagonista absoluto es el pueblo, en su masa anónima, héroe colectivo y no figura particular como podía serlo el general victorioso o el rey en el campo de batalla. Éste es un concepto claramente romántico y moderno de entender la guerra y los logros nacionales, que se atribuyen al pueblo y su voluntad, más que a sus dirigentes.

viernes, 3 de octubre de 2008

BIOGRAFIA DE GOYA



La vida de Goya transcurre a lo largo de ochenta y dos años (1746-1828) durante los cuales la historia europea sufre convulsas transformaciones que suponen el final del Antiguo Régimen y el nacimiento de la sociedad contemporánea.


Este proceso, del que nuestro artista fue privilegiado testigo, fue además especialmente violento en nuestro país, que conoció desde los apacibles días del reinado de Carlos III hasta los oscuros momentos de la represión fernandina, uno de los periodos más turbulentos de su historia.


De la misma manera Goya pudo asistir a profundos cambios en la evolución del arte europeo, desde las fases finales del barroco dieciochesco hasta la floración del estilo romántico, del que el genial aragonés será uno de sus más claros precursores.


Los orígenes del apellido Goya son vascos, aunque sus padres, don José Goya, de profesión dorador, y doña Gracia Lucientes, estaban asentados en Zaragoza.


El pintor nació en la pequeña aldea de Fuendetodos el 30 de marzo de 1746 y poco sabemos de su infancia zaragozana.


Parece ser que fue alumno de las Escuelas Pías y que a los catorce años ingresó en el taller del pintor Luzán, donde debió ejercitarse, como era habitual en la época, en la copia de grabados.


A finales de 1763 Goya realiza su primer viaje a Madrid para participar en un concurso de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.


Pero los inicios no pueden ser más desoladores y su obra no obtiene un solo voto. Vuelve a probar suerte en 1766 en un nuevo concurso académico cosechando el mismo fracaso.


Durante estos años Goya comienza su carrera como pintor realizando sobre todo cuadros de tema religioso. Pero Goya, como cualquier pintor europeo en fase de formación, siente la llamada del arte italiano y hacia mediados de 1770 debió partir para la vecina península. En Roma se afincaría algo más de un año y desde allí envía un cuadro al concurso organizado por la Academia de Parma con el tema Aníbal cruzando los Alpes. No obtuvo el primer premio pero el lienzo consiguió cierto reconocimiento. Goya empezaba a ser valorado como pintor.No tardó en volver a Zaragoza, donde se encuentra desde finales de junio de 1771, y pronto recibiría su primer encargo importante: la bóveda del coreto de la Basílica del Pilar. Goya pudo poner en práctica su habilidad como fresquista, técnica probablemente aprendida en Italia, en una obra aún dependiente de las tradiciones barrocas. Los encargos prosiguieron a lo largo de la geografía aragonesa (Remolinos, Calatayud, la cartuja de Aula Dei) y en ellos desarrolla su primer estilo, caracterizado por su gusto por los colores cálidos y la factura abocetada.