martes, 7 de octubre de 2008

Goya

En 1819 tras haber sufrido una enfermedad que le deja sordo comienza a decorar su nueva casa con pinturas murales al óleo que se extienden por dos salones de la planta baja y del primer piso: son las Pinturas Negras. Este conjunto constituye sin duda la obra más revolucionaria de Goya: un mundo de imágenes de pesadilla con algunas de las más turbadoras escenas de la historia de la pintura occidental.
El estallido de la Guerra de la Independencia en mayo de 1808 supone un grave conflicto interior para el pintor ya que su ideología liberal le acerca a los afrancesados y a José I mientras que su patriotismo le atrae hacia los que están luchando contra los franceses.
La pintura refleja un tema patriótico. Ha pretendido llamar la atención reflejando en el cuadro un sentido de cronista fotográfico. Goya recoge con sus pinceles cómo pudo ser el episodio que encendió la guerra con toda su violencia y su crueldad para manifestar su posición contraria a esos hechos y dar una lección contra la irracionalidad del ser humano, como correspondía a su espíritu ilustrado. La ejecución es totalmente violenta, con rápidas pinceladas y grandes manchas, como si la propia violencia de la acción hubiera invadido al pintor.
En este óleo de estilo romántico el protagonista absoluto es el pueblo, en su masa anónima, héroe colectivo y no figura particular como podía serlo el general victorioso o el rey en el campo de batalla. Éste es un concepto claramente romántico y moderno de entender la guerra y los logros nacionales, que se atribuyen al pueblo y su voluntad, más que a sus dirigentes.

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